En sus inicios, por Bucaramanga atravesaban quebradas y afluentes hídricas que conformaban gran parte de este lugar. Con los años estas mesetas se canalizaron para convertirse en calles y avenidas que la urbanidad exigía con el paso del tiempo para su crecimiento, décadas después la historia y sus riesgos siguen presentes.
El desarrollo urbano transformó la ciudad de meseta hídrica a un entorno nuevo de edificios y asfalto, con el fin de responder a necesidades de expansión lo más viable para la época fue secar estos recursos vitales para el ecosistema natural de la zona.
Según registros históricos en la biblioteca del Libro Total de Bucaramanga, la ciudad cuenta con alrededor de 40 fuentes hídricas entre ríos, quebradas y afluentes. La mayoría fueron desaparecidas con rellenos y basuras para la expansión urbana, “a principios del siglo XX Bucaramanga contaba con 7 puentes y las quebradas estaban descubiertas” contó Gabriel Gutiérrez, historiador de la Casa de Bolívar.

Muchas de estas eran importantes para la comunidad de aquí se abastecían a través de aljibes, depósitos subterráneos de agua, y acequias, canales que transportaban el agua desde los ríos, debido a esta última, en la época hubo una epidemia de cólera, producto del trato inadecuado del agua y la contaminación. Por otra parte, las fábricas de la época también aprovechaban estos recursos y, gracias a esta riqueza hídrica Bucaramanga fue la primera ciudad en mover una planta eléctrica en Colombia.
De las más emblemáticas están la quebrada seca; también llamada en su época la “Payacuá” luego de ser canalizada se convirtió en un basurero durante 1942-1948, quebrada la rosita; conocida como “la Bucaramanga” de esta se abastecían los surcos para lo que hoy son la calle 35 y 37, quebrada la iglesia; pasa por el hoy cementerio la colina, según informe de la Corporación Autónoma Regional para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga (CDMB), para esta última quebrada el Índice de Calidad de Agua (ICA) se encuentra en categoría “Mala”.
En la siguiente infografía se georreferencia específicamente el paso de estas tres quebradas, las demás afluentes junto con los ríos principales donde estas desembocan y la comparativa de crecimiento urbano de la ciudad.

Por otra parte, los riesgos a causas de estas estructuras con fines de expansión urbana han estado presente a lo largo de los años. Jhonatan Niño ingeniero civil y especialista en gestión de riesgos de desastres, enfatiza que «estos rellenos posteriores a la canalización de las quebradas fueron deficientes», esto debido a que están en zonas con alto riesgo sísmico y, al no tener el monitoreo adecuado se pueden fisurar lo que facilita la filtración de agua debilitando el suelo subterráneo lo que produce hundimientos con paso de los carros.
Muchos de los hundimientos ocurridos también se deben a la falta de monitoreo, al no detectarse fallas internas a tiempo como fugas de agua hacia terrenos adyacentes vienen repercusiones naturales serias en los carriles viales y edificios cercanos. Jhonatan expresa que “son estructuras indolentes», pese a que el EMPAS es el encargado del alcantarillado estas estructuras no hacen parte de este, por ende, son netamente de la alcaldía.
Pese a que las quebradas no se ven físicamente, permanecen vivas bajo suelo y han continuado su rumbo año tras año. Sin embargo, ocultar estas afluentes en aquella época no fue la mejor solución dado que se hicieron por estética y necesidad urgente, sin medir los riesgos naturales y de gestión que se podrían venir a futuro con los cambios climáticos extremos o erosiones a causa de las filtraciones de agua.



