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La mentira que sostiene una industria millonaria

En Colombia, apostar dejó de ser un pasatiempo nocturno y, en los últimos años, se volvió una rutina diaria para millones de personas. Lo que en un momento empezó como simple entretenimiento ahora alimenta a una industria que crece sin hacer ruido, se instala en la vida cotidiana y avanza más rápido de lo que el país reconoce.

Con el paso de los años, Colombia ha desarrollado una relación codependiente con los juegos de azar. El país se ha convertido en uno de los mayores contribuyentes a la industria, y las apuestas se han vuelto un pilar estructural de la economía nacional. De acuerdo con cifras del DANE, para el segundo trimestre de 2025, el sector de entretenimiento y recreación creció un 11.4%, superando el PIB nacional, que aumentó solo un 2.1%.

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Para este mismo año, las apuestas en línea representaron el 47% del recaudo nacional del sector. Esto trae consigo un riesgo para la sociedad dado que, el número de personas que desarrollan adicción al juego podría crecer al mismo ritmo.

Según Coljuegos, el 2,7% de los colombianos ya cumple criterios de ludopatía, y el 4,6% está en riesgo de desarrollarla. Cuando casi una de cada diez personas está luchando o, peligrosamente cerca de hacerlo, la conversación deja de tratarse de casos aislados y se convierte en un problema de salud pública. 

“La mayor mentira es creer que todavía puedes controlar la adicción. Yo jugaba en el casino, metía 100.000 pesos y subía 500.000 pesos, es por eso que yo creía que podía vivir del casino, pero uno nunca puede vivir de eso”, así lo expresó Omar Geles, miembro de la asociación de jugadores anónimos. “Los casinos están hechos para ganar dinero, no para darle dinero a la gente” enfatiza.

Su experiencia ya no es única; refleja un patrón que atraviesa todo el país. 

La ludopatía, uno tema al que hay que prestarle atención

Pero la adicción no se sostiene solo por impulsos individuales: se alimenta de un ecosistema completo. La presencia constante de casas de apuestas en barrios populares, la publicidad agresiva en redes sociales y la facilidad de acceso a crédito digital crean un entorno que normaliza el riesgo y «entrega un glamour» a la ganancia.

La Dra. Liliana Díaz Soto, psiquiatra y docente de la Universidad de Santander afirma que “la ludopatía no es un problema individual, es un problema estructural que termina siendo vivido de manera individual”.

Díaz Soto describe un ambiente nacional donde la presión económica, la inestabilidad emocional y los núcleos familiares debilitados se intersecan. Las personas no caen en el juego simplemente por elección, las presiones externas las empujan hacia él.

Según el estudio Juego Responsable: Perspectivas y Tendencias de los Consumidores en América Latina, realizado por Playtech; aborda las conductas de consumo y afirma que el 87% de los colombianos encuestados juega por lo menos una vez al mes, mientras que el 67% lo hace una vez a la semana. A esto se suma que el gasto promedio mensual en apuestas digitales pasó de $48.000 pesos colombianos, a $96.000, duplicándose en tan solo 4 años. Las plataformas digitales, por su parte, reportan que el número de usuarios activos diarios creció un 57% desde 2020.   

Según Corficolombiana, el crecimiento de los juegos de azar fue de un 450% Foto: Melanie Campbell

Estos datos relejan un panorama más amplio: las apuestas ya no son una actividad ocasional. Se están convirtiendo en un hábito para la mayoría de jugadores, y la línea entre entretenimiento y dependencia es cada vez más delgada. 


La industria crece, las ganancias aumentan y Colombia celebra su expansión económica. Pero el costo humano está creciendo con la misma rapidez. Más allá de las cifras, hay miles de historias como la de Omar; historias que empiezan con la ilusión de control. La pregunta que Colombia enfrenta ahora es, si está dispuesta a confrontar el costo de una industria que alimenta la economía, mientras drena en silencio a su población.

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