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Ser Catalina es una barrera para acceder a una atención médica digna

No es fácil ser una mujer trans y buscar atención médica en Colombia. La experiencia de Catalina Mendoza refuerza el debate sobre cómo las entidades prestadoras de salud atienden a la comunidad LGTBIQ+.

La historia Catalina Mendoza, así como de muchas otras mujeres y hombres trans en colombia, demuestra un recorrido lleno de barreras institucionales, pero además, es evidencia de patrones de conductas inadecuadas, por parte de algunas entidades prestadoras de salud.

De acuerdo con la Situación actual de la población con OSGIS en Bucaramanga 2021, solo 33 personas trans manifestaron haber iniciado o completado un proceso de transición hormonal. De ellas, el 42% afirmó estar recibiendo tratamientos hormonales por parte de su EPS; en contraste, otro 42% se encuentra en transición, pero se le ha negado el tratamiento por parte de su entidad prestadora de salud.

Estas no son cifras aisladas; muestran cómo el derecho a la salud para las personas trans depende más de la gestión individual de cada persona, en vez de contar con rutas claras y efectivas.

Pero la falta de hormonas no es el único obstáculo al que se debe enfrentar la población trans a la hora de comenzar su proceso de transición. Solo un 26.6% de las personas trans consideran haber tenido acceso a la adecuación física y psicológica necesaria para este proceso.

A este panorama se suma que un 57.1% de mujeres y un 52.6% de hombres trans que identifican como mayor barrera la ausencia de cobertura y respuesta del sistema de salud. Así lo evidencia el Informe Atención integral en salud para personas trans y no binarias de la alcaldía de Bogotá.

A pesar de que en Colombia existen rutas y protocolos legalmente establecidos para la adecuada atención de estas comunidades, la brecha entre la norma y la práctica se vuelve un terreno lleno de vacíos, desinformación y decisiones arbitrarias por parte de las entidades y profesionales prestadores del servicio.

Las repercusiones de una atención inadecuada

Esa distancia entre lo ideal y la realidad genera una consecuencia preocupante, el aumento de la clandestinidad. Según el mismo informe, un 57% de las mujeres trans y un 55% de los hombres trans son asesorados a lo largo de su tratamiento por personas que no son profesionales de la salud. De igual forma, las intervenciones y transformaciones corporales como el uso de silicona también se realizan de manera clandestina; del 35,7% de las mujeres trans que se realizan esta clase de procesos, solo un 7,1% lo hace a través de un cirujano plástico.

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Estos procesos no regulados acarrean riesgos significativos para la salud de la población; entre los efectos negativos más comunes de las hormonas autoadministradas. Por ejemplo, la inyección de relleno en tejidos blandos puede generar alogenosis iatrogénica, una enfermedad inflamatoria crónica.

La experiencia vivida por Catalina permite entender el porqué de estas estadísticas. Tras meses y meses de espera sin respuestas de la EPS, recibió de una amiga trans la misma recomendación que muchas otras personas han oído: comenzar un tratamiento hormonal casero y no regulado (conocido popularmente como DIY HRT) mientras comenzaba el proceso de atención formal.

Su testimonio no se limita a una vivencia personal; confirma la falla en el sistema de salud que obliga a las personas trans a elegir si esperar indefinidamente o tomar riesgos sobre su propia salud.

El DIY HRT es un proceso peligroso, pero tentador para las personas trans . Foto: Juan Diego Cáceres

Aunque se están desarrollando nuevas leyes y sentencias que protegen el derecho a un tratamiento digno, los informes consultados coinciden en algo; la falta de capacitación del personal médico, la ausencia de rutas y protocolos claros y la discriminación son barreras que aún persisten, obstaculizando el ejercicio pleno del derecho.

Catalina lo resume con claridad: el tratamiento hormonal no busca transformar la identidad, busca permitir que el cuerpo y la apariencia física sean acordes con lo que la persona es.

Para muchas personas trans, sin embargo, este proceso sigue siendo un trayecto lleno de esperas, silencios institucionales y decisiones complejas que no deberían recaer únicamente sobre quienes intentan vivir como realmente son.

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