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La herencia Guane sobrevive en el entorno universitario

En la Universidad de Santander, caminar hacia una clase o un parcial implica pasar a contados centímetros de restos arqueológicos con más de 2.000 años de antigüedad. En los corredores, la institución funciona no solo como casa de estudios, sino como el museo arqueológico, etnológico e histórico más grande del oriente colombiano, con una rotación constante de piezas en barro y hueso situadas a lo largo de 78 espacios ubicados en las paredes de los edificios.

La reserva del museo se encuentra bajo el edificio Carare de la universidad. Foto: Juan Diego Cáceres

El maestro Edgar Pico Ruiz, director del museo, custodia la reserva, que es el verdadero tesoro escondido del campus, donde más de 40.000 piezas reposan protegidas del clima. Entre los hallazgos más interesantes de este espacio se encuentran 29 individuos antiguos, restos fosilizados y un cráneo, de quien se teoriza que fue un chamán enterrado de cabeza para que su sabiduría se mantuviera anclada a la tierra.

“Las piezas tienen una gran cantidad de cosas; hay que guardarlas de los hongos, de que no se estallen o se decoloren”, explica el director sobre el reto de mantener este patrimonio. No es una tarea sencilla proteger las piezas en un campus abierto y alto, donde la humedad es bastante concentrada; es por esto, que solo una pequeña fracción del inventario llega a los pasillos, asegurando que las demás permanezcan intactas para la investigación bajo estrictos protocolos.

Para entender un poco mejor la magnitud del lugar, los registros de la Red de Museos de Santander ubican a esta colección como un referente en la conservación de cerámica de las culturas guane y yariguíes. Las obras son intercambiadas y rotadas cada 6 meses y actualmente se encuentra la exposición “Hombre de barro”, que expone la forma en que los antiguos habitantes entendían la muerte.

El inventario del museo revela además que la historia no solo se encuentra en los objetos arqueológicos. De las 40 hectáreas que componen el campo de la universidad, 30 son de reserva forestal, un espacio que, según la dirección, funciona como una extensión de la museografía. Según el Proyecto Educativo Institucional, el terreno es considerado un espacio donde la construcción moderna se adaptó a la herencia del suelo.

A diferencia de los museos tradicionales con cintas rojas y guardias, el patrimonio está expuesto a los ojos de todos, en cada pasillo, desde las 5:30 de la mañana hasta las 9 de la noche de forma totalmente gratuita.

Al final, estas piezas no buscan adornar las paredes de la universidad, sino representar un legado de las culturas ancestrales. Cada título profesional que se entrega aquí se gesta sobre los huesos de una civilización que también creyó que su mundo sería eterno.

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